domingo, 13 de agosto de 2017

"SALIENDO DE LA PISCINA DE VALENCIA HACIA VALDERAS", artículo de ÁNGEL AZNÁREZ (La Nueva España", 15/08/2017)




¡Gregoria! ¡Gregoria! ¿Qué pasa?


(Cuentos del reino secreto  de José María Merino)



Veo acá, alrededor mío, desde la suave altura de un cerro, entre Valdevimbre y Villamañán, respiraderos de bodegas subterráneas y majuelos de muchas vides, de tierras con suelo de piedras, de cantos rodados. Las uvas, de sabor y color intensos, se apiñan en racimos prietos y de bayas picudas que, después del vendimiario otoñal, en las comarcas leonesas de Valdevimbre, la ribera del Cea y los Oteros, resultará el vino rosado o tinto -según sea el “tiempo de sangrado”-, que se denomina “Prieto Picudo” (no confundir ese vino con la forma de ser, estar, incluso andar, “prieto y picudo” de muchos).


Vista de Valderas al fondo
Se dice que ese vino del Sur de León es bueno, algunos hasta que muy bueno. En Gordoncillo, población cercana a Valderas, y en Pajares de los Oteros, cerca de Valencia de Don Juan, los muchos asturianos que allí se desplazan, en las ferias respectivas de Agosto del “Prieto Picudo”, dicen que por muy rico hasta les hace olvidar la sidra. Eso no parece extraño, dada la menguada cultura vitivinícula asturiana, muy de chigre, de porrón y bota, de pellejos y garrafas de grueso cristal verde.
Miro allá, al Norte, a la Cordillera Cantábrica, separadora entre León y Asturias,  y veo lo mismo que vieron otros, antes y desde siempre, como el escritor José María Goy, el escritor de Puebla de Lillo y Boñar: “las Sierras o Valles de Laciana y Babia, los Picos de Europa y los de Mampodre, el Puerto de San Isidro y el pico Torres, y Ventanilla”. Contemplo primero las paredes montañosas de Asturias y León, con sus laberínticas hoces y desfiladeros, y luego, mas abajo y hacia aquí, sigo las planicies, páramos o llanos del Sur. Recuerdo las escrituras de tantos escritores como parió esa tierra, que hicieron de León y Provincia, además de un espacio físico, muchos otros espacios literarios, muchos más (Celama, por ejemplo). Excelentes literatos los leoneses, que no dejan de hacer ficción literaria cuando escriben su Historia o las historias de sus vinos –buena literatura y mala historia-.


“Espacio literario” es Volverás a Región de Juan Benet, La que no tiene nombre de Jesús Fernández Santos, El espíritu del Páramo de Luis Mateo Díez, El río del olvido Julio Llamazares, La Maragatería de Concha Espina, Del Bierzo y su gente de Ramón Carnicer. Y aquello también son las  poesías de los Panero, Crémer, Gamoneda, Basilio Fernández y hasta de Bernardino de Rebolledo. Un conjunto o genuino “Prieto Picudo” literario, estupendo. E inconveniente de León que, para disfrutarlo, haya que tener una biblioteca de compañera; la única compañera, que es silenciosa de verdad.


Castillo de Valencia de Don Juan
También hice memoria, mirando esas montañas y planicies, que fueron campos de mucho ajetreo y de batalla; tierra de frontera para cristianos (astures, leoneses, cantabros, vascones) y musulmanes del Al-Ándalus. “Tierra de nadie y de muchos”, también del Reino, primero astur y leonés más tarde; sufrió despoblaciones forzosas, luego repoblaciones de reconquistas, con primerizo Fuero (León) hace mil años (1107), ahora muy exagerado, festejándolo, hasta provocar risa. Por mi soleada cabeza volvieron a pasar  historiadores del Derecho como Sánchez Albornoz, don Galo Sánchez, García de Valdeavellano, Ignacio de la Concha y Carlos Prieto, último fallecido y muy reciente –pena aún viva-. En esos campos aprendí que la Pressura o Aprissio –tesis doctoral del profesor De la Concha- fue la formula jurídica o título de la repoblación, base del posterior e ignorado régimen señorial español.



Acullá, mirando al Sur, está Valencia de Don Juan, antigua Coyanza. En ese principio del Sur de León, muy al comienzo de los  “Campos Góticos (o de godos)” o Tierra de Campos, anuncian al Río Esla unos imponente chopos y unos sauces, conocidos como novios del agua, paleras o mimbrales. Y ahí se produce un singular fenómeno náutico, un autentico “Mundo del agua”, que así se llama; un mare magnum que se divide en atracciones acuáticas y servicios recreativos, muy utilizado por asturianos que, a diferencia de los de antes, llegan de Asturias a mojarse y no a secarse. ¡Redios!


Un palomar de Tierra de Campos
Las atracciones acuáticas incluyen “chorros de agua”, la “piscina de olas” y el “dragón Coyanza” (la piscina de la “Rana” debería incluirse en este apartado de atracciones acuáticas). Los servicios recreativos incluyen, entre otros, “la entrada” (que es distinta a la “salida de emergencia”), el “vestuario /WC” (nada se indica sobre el “WS”, acaso igualmente necesario), y el “chiringuito”, entre otros. Hay que añadir –esto es importante- que, aunque no figure en la lista de los servicios recreativos, existe una “bibliopiscina” raquítica. Y digamos que es importante saber tres cuestiones principales y muy útiles para disfrutar de una jornada náutica: a) que la botella del rosado “Prieto Picudo” se vende en el recinto náutico a 3,50 euros, b) que de conformidad con el Reglamento 1169/2011 y R.D. 126/2015 “del” 27 de febrero “se dispone de  información en materia de alergias e intolerancias”, y c) que existe, dado que hay concurrencia de asturianos, unas precisas normas para el buen funcionamiento de la terraza y comedor, “asegurándose que cualquier problema con su alimentación tiene respuesta”.   


Leo la carta de comidas del gigantesco “Mundo del agua”, y dudo elegir entre  un plato combinado (un plato a 6,50 euros) o el menú del día (dos platos y un par de euros más caro), si bien ¡cuidado y precaución! en el caso del plato combinado, las bebidas se cobrarán a parte, a precio de cafetería. Me doy cuenta de que al otro lado del Esla, hay una inmensa mole, que fue el castillo de Coyanza y que parece que de un momento a otro se va a desplomar, con estragos, sobre el “Mundo del agua”. Ante ese mamotreto o armatoste de castillo, Cela exclamó: ¡Qué coño es eso! Y entre sustos y congojas, sin apetito, digo adiós a unos paisanos de Laviana, ya leoneses por mimetismo, hasta el punto de haberse hecho socios de la “Cultural Leonesa Club de Fútbol”, ya en Segunda como nosotros, y que tiene un entrenador gallego muy inteligente, Rubén, que tiene la desgracia de que sus futbolistas “conviven en situaciones complejas” como el mismo dice.


Camino de cantos rodados
Ya en el llamado “auto de línea”, con la baca de maletero hasta los topes, a varios kilómetros ya en dirección a Valderas, cada vez más en Tierra de Campos y de sequía permanente, leo el siguiente cartel que se ve desde la carretera: “El Palomar, Residencial Golf. Lujosas viviendas con la mejor orientación y vistas al campo de golf”. Me río, como con ataque de hipo, de tan disparatado proyecto asturiano (apoyado por los financieros de éxito y de aquel momento, que siguen siendo los de ahora), que llegó a ser presentado en sociedad en el Campo de Golf de Castiello (Gijón). De él queda únicamente el cartel y un palomar paralelepípedo a lo lejos, sin pichón o palomino, sin paloma o pichona. Siguiendo en el “iter” se ve próximo, a la derecha, un pueblo denominado “Carbajal de Fuentes” y atravesamos otro que se llama “Fuentes de Carbajal”, cuyas casas ya son de adobe, que es una mezcla de barro y pajas en forma de ladrillo, fabricado por un adobero, modalidad que llaman de albañil popular (sólo conozco albañiles populares, no aristócratas).


Castillo de Valencia de Don Juan
Continuando en el Odiseo viaje, aparece al fondo una torre de Iglesia, que es la de Santa María del Azogue, que es de Valderas, cabeza de las “Siete Villas de Campos”. Don Cesidio Blanco, Historiador, Poeta, Rapsoda y Militar (todo mayúsculas) califica a esta población leonesa, de “Reina en la Frontera”; la última, a escasos cuatro kilómetros de las provincias de Valladolid y Zamora, llegando la erudición entusiasta de Cesidio a considerar que en Valderas está el origen de los primeros “Príncipes de Asturias”. En la Plaza del Obispo Panduro (y acaso también Sopaboba de apellido), encuentro a Zoilo Rueda, jubilado y propietario del “Canario”, restaurante afamado, también conocido como “La Meca del bacalao”. Zoilo, el que mejor preparaba el pulpo a la gallega en toda Castilla y León, mientras saboreo una exquisita paletilla de lechado, me da cuenta de que el bacalao lo trajeron arrieros maragatos desde puertos portugueses, y que las cocineras valderenses pusieron sólo la cazuela de barro, el pimentón y el sofrito de ajos.

Constato que la llamada “Semana cultural”, organizada por la Asociación “Altafría”, es muy intensa, pues el lunes hay zarzuela y el martes una conferencia coloquio sobre el “Tren Burra”. Visito, como siempre, primero el arco y la puerta mudejar, para no olvidar que España, antes de ser España, fue durante siete siglos musulmana; luego, por ser cristiano, rezo ante la Matrona de Valderas, la Virgen del Socorro, que es de las más milagreras, y cuya Novena empezará la primera semana de Septiembre. De eso, y porque don Pedro A. Grande Martínez, hijo de Roales de Campos, acaba de publicar un gordísimo libro (680 páginas) sobre Valdescorriel, seguiremos contando y cantando en nuestro viaje, camino de Benavente, como el Río Cea. También explicaremos lo del conejo del “Gatito”.

Fotos del autor

viernes, 11 de agosto de 2017

EL PRÓXIMO DOMINGO ÁNGEL AZNÁREZ DE NUEVO PUBLICARÁ...



El poeta leonés, Leopoldo Panero, de Astorga escribió los siguientes versos:


Mirar es dulce.
Es dulce como el luto de una madre,
Mirar, mirar sin ver, andar despacio
hacia la nada, siempre hablando a solas
andar por los caminos que se tienden
oscuramente por el campo.


Eso es la continuación del viaje, como el de Ulises, que se podrá leer el próximo domingo, 13 de agosto, en prensa escrita y digital: mirar y mirar; andar y andar. Pero no sólo eso, también mucho más, si los lectores, además de lectores, son creativos y tienen también ocurrencias.


Nos sentaremos en oteros y lomas, veremos vides verdes, entraremos en el llamado “Mundo del agua” en un mundo de tanta tierra, saludaremos a unos amigos de Laviana que tienen un taller de carrocerías y que se hicieron socios la “Cultural Leonesa Club de Futbol”, hartos del Oviedo y el Gijón.


Ya en Tierra de palomares, en ruina, sin pichones, disfrutamos de aromas del vino de la tierra y saboreamos paletilla de lechazo, chupando huesos, descartados para el almuerzo el pulpo a la gallega y el bacalao con ajos.


Veremos puertas moras y rezaremos a la Virgen del Socorro, que es de las más milagreras.


Las dos fotos que se adjuntan son de la misma tierra, seca y del Sur de León.  Una fotografía sobre tierra, arriba; otra bajo la tierra abajo, muy abajo.


  

jueves, 13 de julio de 2017

“PASQUINES: CON ‘P’ DE POETA”, artículo de NICKY NEGRETE




Nacido en Asturias y residente en Córdoba desde hace unos años, José Luis Campal es un escritor, poeta y artista comprometido con las letras, el arte y –como no podía ser de otro modo en un poeta como es él– con lo social, como podréis comprobar al leer este Pasquines (Piediciones, 2017) que cierra su trilogía marcadamente social, iniciada en 2015 con Pancartas y continuada el pasado año con Pintadas. Los títulos mismos ya dan una idea de su compromiso con los valores sociales, humanos y éticos. No voy a citar todo su currículo porque viene resumido en la solapa del libro.
Nicky Negrete


Conocí a José Luis Campal gracias a mi hermano, el también poeta José Carlos Velázquez, con quien ha realizado numerosas colaboraciones literarias y algunos recitales poéticos. Más tarde tuve el privilegio de ser yo mismo –también– quien tuviera la oportunidad de publicar en El Paraíso, la revista ensamblada de poesía visual más antigua del país que lleva 26 años editando. Lo conocí en persona en Madrid en la presentación de otro de sus libros, El regalo. Y lo fue. Un regalo, digo.


En el poemario que ahora nos ocupa, Pasquines, conformado por sesenta piezas más o menos breves –la buena esencia siempre en frasco pequeño– el lector podrá apreciar que la fuerza de este compromiso nace del corazón, de unos principios vividos desde siempre y de la disconformidad con el bofetón de realidad e hipocresía con el que nos desafía a diario la sociedad de consumo.
Cubierta PASQUINES


En un mundo construido para que los esclavos no sepan que lo son y sigan engrasando la maquinaria que mantiene a unos pocos en lo alto mientras millones se arrastran por las porquerizas de la miseria, una voz se alza en el desierto de la cordura para gritarle a la cara al sistema que no le engañan, que todavía queda gente en pie que se da cuenta de lo que pasa y que no va a arrodillarse en silencio para ofrecer su cuello al hacha de la productividad monetaria. Gente que es capaz de vomitar al rostro del cacique de turno las verdades que no soporta escuchar porque su contenido derriba todo su castillo de naipes y porque su verdad intrínseca araña y azuza la poca conciencia latente que aún no han conseguido matar, silenciar o pervertir.


Esta voz es la de José Luis Campal que, sin rubor y con la fuerza que dan la coherencia y la verdad dice cosas como ésta: «Gobierno: / ¡Disuélvete ya / en ácido sulfúrico, / que limpia, fija y da esplendor / (al pueblo)!» (poema XLIV).


Y a la vez fustiga las mentes de quienes, oprimidos y vilmente utilizados por el sistema sin ser conscientes de ello, dormitan en sus zonas de confort, para que no se dejen avasallar y abran los ojos, a fin de que –como siempre repiqueteaba su tocayo José Luis Sampedro– piensen por sí mismos. Y esto no puede hacerse con palabras suaves y caricias en el cabello. Ha de ser con toda la fuerza que requiere la situación y por eso leeréis cosas como ésta: «me aturde y desconcierta / que no veáis la cruda realidad / de este inmenso vertedero / en el que chapoteáis sin creéroslo / y donde triunfan lo feroz y lo mediocre» (poema IV).


O también: «¡hincadle el diente a esta saga de siglos / que lleva cientos de miles de años / refocilándose inane en un prolongado / orgasmo pequeñoburgués!» (poema II). Y en otro punto: «Dóciles vais de cabeza al pozo / y saludáis serviles al pocero» (poema XLIII).


Esos reproches podría hacerlos desde el pedestal de quien se sabe defensor de lo justo estableciendo una distancia con quienes se dejan llevar por los mensajes “saciantes” y empalagosos de la publicidad o por las mentiras envenenadas de quienes, debiendo representarnos, visten pieles de cordero de día para devorar manadas completas amparados en la oscuridad de la noche.


Presentación en Madrid
Pero no es así. El poeta social, la voz que –como el bautista– clama en el desierto, se incluye a sí mismo en el lote, aunque –y esto lo añado yo– él sí busca una salida, una solución, o cuando menos, su mente inquisitiva se pregunta por las cosas: «Y mientras nosotros qué hacemos, / qué hacemos, / qué» (poema V).


Como poeta social le remueven los que –para la sociedad– se presentan como dilemas éticos, ya que su conciencia éticamente educada –cuando todavía existían asignaturas como la Filosofía en el sistema educativo– y no pervertida por el falso hedonismo imperante y los dictados de los sofismas políticos y publicitarios, se da cuenta enseguida de lo que se esconde a una gran mayoría: falsedades de planteamientos, engaños manifiestos, sibilinas manipulaciones o aberraciones patentes y clamorosas; en definitiva una hipocresía brutal que a base de descaro y repetición se ha ido instalando en nuestra sociedad. Algo que ha sido facilitado por quienes viven inmersos en esa hipocresía, en esa doble moral, en ese doble rasero, en esa lógica quebrada y retorcida de lo ilógico y lo contradictorio como es la religión (sobre todo las monoteístas). Por ello le resulta obligado denunciar ese fariseísmo del catolicismo que ataca el aborto mientras baila el agua a una maquinaria que aplasta a miles de personas o se beneficia económicamente de la pobreza de aquellos a quienes debiera defender: «Que nazca ese feto y se desangre / de lunes a domingo entre cartones / mientras las pudientes familias / que acuden a misa con paso ordenado / y relucientes cuentas corrientes / desvían la mirada con asco / al tropezarse con una callosa mano / que les suplica ayuda, y pasan / de largo porque ya no es su problema» (poema VI).


Su compromiso con la poesía social queda perfectamente plasmado en sus versos, como en estos: «La poesía no social / es antipoética. / La poesía no social / es infrapoética. / La poesía no social / es contrapoética. / La poesía no social / lleva siglos muerta» (poema XXIII).


Tiene también para los políticos, para los poetas, para los plagiadores, para la gente de a pie, pero siempre con un hilo conductor: la alergia más absoluta a la falsedad, la imposición, la injusticia, el descaro y la prepotencia: «Árnica que sabe a patíbulo / ante tanta desvergüenza y chulería» (poema XXIX).


Como veréis, puede que este libro no resulte de fácil lectura para aquellas mentes que no estén dispuestas a asumir ciertas verdades o que prefieran vivir en la comodidad y la desidia del “dolce far niente”. Este libro, es un removedor de conciencias es una pequeña herramienta de grandes verdades. Es capaz de expresar grandes conceptos con apenas unas palabras (y unos espacios). Y esto –lo digo como autor de nanorrelatos– no es precisamente fácil, sobre todo si, al mismo tiempo, se hace de una forma estéticamente bella.


Campal comienza el libro con una cita de Neruda: «Y no podrán vencer sino a los muertos». Pero bien podría haber citado –servatis servandis– el Trópico de cáncer de Miller: «Esto no es un libro. Es un libelo, una calumnia, una difamación. No es un libro, en el sentido ordinario de la palabra. No, es un insulto prolongado, un escupitajo a la cara del arte, una patada en el culo a Dios, al hombre, al destino, al tiempo, al amor, a la belleza... a lo que os parezca.»


Podría llenar cientos de folios sobre todo lo que estos Pasquines despiertan en mí como lector pero creo que preferimos que sea el propio autor quien nos hable a través de su obra: «(La revolución es una fruta afrodisiaca. / Quien la prueba no se desengancha)» (poema XXXII).


Enganchado quedo –doy fe– a estos Pasquines como espero quedéis vosotros, futuros lectores, también.

domingo, 9 de julio de 2017

"YENDO A LA PISCINA", artículo de ÁNGEL AZNÁREZ ("La Nueva España", 9/07/2017)




¡Miau, señoras y caballeros, miau!

Del "tren Burra" que pasaba por Valencia de Don Juan desde Palanquinos


Antes de que los ladrones, proclamándose del progreso y de otros camelos políticos, acabaran con instituciones muy queridas por sus meritadas funciones para la ciudadanía, muchos asturianos, apretados los cinturones, subían por los empinados vericuetos del Puerto de Pajares, para lo que se llamó “secarse” en tierras de León, de cuentos cazurros y filandones. Lo hacían, subiendo, a trancas y barrancas, en “cochecitos lerés” de entonces, de tracción trasera, los Renaults 4/4 o 5/5 (Dauphine), que vendía, por concesión, don Abundio Gascón, el de la calle Campomanes (Oviedo), al precio de casi cien mil pesetas la unidad.  
Ya en lo alto, en Arbás, a escasos metros del Restaurante “Casa Quico”, insuperable en lentejas estofadas y carnes guisadas, que fue arte de la esposa y cuñada de Quico, con prestigio de gallardo y calavera, SEDES tuvo allí una fábrica de cementos, que hubo que cerrar por culpa de otra cementera, de más abajo, asturiana, que exigió la competencia perfecta: no tener competidor. Y es que SEDES, señoras y señores, tuvo cementera allí y cerámica aquí, en La Argañosa (Oviedo). Fue rica y poderosa; sobrevivió a los caciques del franquismo, que son los mismos que ahora, pero que no resistió a lo del Calatrava de Oviedo y a los “calatraveños”, plenitud de mamones y babosos. Y es que lo que acabó con SEDES, hace unos años, pocos, fue “la caraba” o “el acabose”, según dicen los que saben.


Una pregunta: ¿quién o quiénes deberían dar explicaciones por lo de SEDES?


Más arriba de la cementera, ya en montaña, había una residencia para Ingenieros de Minas, y por allí corría Victorino Alonso, hijo de ingeniero, y más tarde, ingeniero él y empresario minero, mareante y “cachondeista” de fiscales, abogados del Estado e inspectores del Fisco.


Fachada de la Pulchra maragata, Catedral de Astorga
Entre Santa Lucía y La Robla, antes de llegar a León, hay que pasar junto a la llamada “Casa Infantil Covadonga”, en Pola de Gordón, que allí, blanca y azul,  milagrosamente sigue en pié, mirando a la montaña leonesa de enfrente. Una denominada “Asociación pro Gregorio Marañón–Casa Infantil Covadonga” organiza un reencuentro, en el mes de julio, de los niños y niñas que por allí pasaron (muchos de la Cuenca minera), para solucionar problemas respiratorios, en tandas y estancias trimestrales (lo último se pudo leer en La Nueva España, el lunes 3 de Julio).  


Casa Infantil Covadonga 
De esa Asociación llama la atención lo de “pro Gregorio Marañón”. Está muy bien acordarse del doctor Marañón, sobre el que palabrean y hacen homenajes; en realidad, a don Gregorio Marañón lo que realmente preocupaba era El Cigarral de Toledo; ni la Casa-Infantil ni siquiera el Conde-Duque de Olivares que llegó a biografiar. Y de esa Asociación también llama la atención, con asombro, que olviden en los últimos reencuentros a la extinta, muerta, asesinada o asesinadita Caja de Ahorros de Asturias, que, con sus dineros -que salieron de ahorros asturianos, de nosotros- se hizo, entre otras (Fundación Vinjoy, las Policlínicas), la obra social de la Casa-Infantil Covadonga para desatascar bronquios y pulmones. Y esto, señores y señoras de la Asociación, deberían ustedes recordarlo, para así no parecer que pecan de ingratitud hacia la Caja o acreditar ser unos desmemoriados.


Y la misma pregunta procede hacer: ¿quién o quiénes deberían dar explicaciones por lo de la CAJA, que fue otro “la caraba” y “acabose”, según dicen los que saben? ¿Qué responderá el hombre nuevo de Pedro que ha de venir, nuevo de la vieja Cuenca, cuando le pregunten por eso?


Como los de la Asociación parece que no recuerdan, recordemos nosotros que durante muchos años fue Director de aquella Casa-Infantil un maestro, natural de Orense, que se llamó Souto, que no obstante ser y estar muy escaso de pelo no paraba de tirar los tejos a doña Manolita, siempre soltera, aficionada a juegos de mesa en el Automóvil Club (La Jirafa). Manolita era empleada muy eficiente, para asuntos sociales,  de la Caja de Ahorros, que hasta allí, Pola de Gordón, se desplazaba con frecuencia; fue lo que los italianos llaman una donna angelicata. Y Souto, en la Casa-Infantil, tenía un despacho inmenso, con una balconada azul, justo encima de la entrada principal, y allí arriba organizaba, con su escasa cabellera, zafarranchos “peluqueriles”, tan absurdos y ridículos como eso del llamado pelobus, organizado por esa especie de santa trinidad, laica, una y trina, que es el Padre Ángel.


Las atenciones religiosas de la Casa-Infantil estaban dirigidas por el entonces obispo de León, don Luis Almarcha, que allí iba con frecuencia y siempre colgándole un enjoyado pectoral con joya de piedra amatista, y que, manu militari, nombraba y quitaba capellanes, curas de La Pola, a sus ojos y antojos. Don Luís, obispo, mandaba mucho; armaba con facilidad la de Dios es Cristo, siendo además político nacional-católico, del Régimen. “Por Dios y por España al cincuenta por ciento” decía en la intimidad según sus íntimos.  


Un libro de la serie, titulado "Pulchra leonina (la catedral de León)
Unas monjas, media docena, de las “Hijas de la Caridad de San Vicente Paúl”, dirigían las funciones propias de atención y cuidado a las niñas y niños allí hospedados en estancias trimestrales. La Superiora era una mujer de carácter, entre madre abadesa e infanzona, burgalesa y muy ancha de todo; ella y el resto de monjas, “vicentinas” o “vicencianas”, cubrían su cabeza con tocados muy aparatosos, almidonados y alados, que, por los anchos pasillos de la Casa Infantil y sus escaleras estrechas, al moverse tanto, parecían blancas mariposas en busca de flor y blancas como las nubes. No es extraño que a estas monjas de tan fácil pintura, los ingleses llamasen butterfly nums. Y un grave conflicto surgió cuando una de las monjas, sor Dolores, se enamoró y encontró novio. Sor Concepción, que era casi albina, aguantó hasta el final.


Y los de la Asociación tampoco recuerdan a Agustín de Saralegui, Director General de la Caja de Ahorros, que por allí pasaba para mirar, ver y, de paso, comer unos filetes de carne con patatas fritas y pimientos colorados exquisitos. Por supuesto que los manteles de la mesa larga y rectangular estaban zurcidos, y afuera, Rodrigo, el chofer, sacaba brillo al importado vehículo Vauxhall. Tampoco recordarán al médico Tascón que los atendía, cuya especialidad más destacada estaba en tener recluida en La Pola, en un chalet gótico, a su brillante esposa, natural de San Sebastian y apellidada Astiagarraga.  


Es cosa de seguir nuestro camino en dirección a Valencia de Don Juan y su piscina. Paramos antes en León y vemos a la llamada Pulchra leonina, que así llamó un clérigo escritor, don José González, en el año 1913, a la Catedral de León, tan majestuosa por triforios y vidrieras. Y don José González, cura, llegó a ser profesor del prestigioso Seminario de Valderas, el de San Mateo, y de él, del escritor, llegaron a decir que su brillante pluma “galopaba por el papel”, siendo prueba de tal galope frases como las siguientes: “El relojero andaba a brincos como los conejos”; también esta otra:  “El sol besaba, no calentaba”.


La Pulchra leonina nos recuerda a la cercana Pulchra maragata de Astorga y de la mozárabe Tebaida berciana, siendo ahora su Obispo el asturiano Juan Antonio Menéndez, excelentísimo y reverendísimo, del que el Papa Francisco--según leímos en La Nueva España, viernes 7 de junio de 2013, página 25-- dijo que “estaba fresquito como una lechuga”, y que nosotros, ahora, decimos --enterados de los terribles episodios ocurridos en el Seminario de La Bañeza--, que el bueno de Juan Antonio seguirá verde, pero más como un repollo o una berza que como una lechuga; y eso que, como los mejores de Grado, es roxiu y de color azafranado o bermejil.   


Y no podemos salir de León sin recordar a su celebre escritor y vate, don Julio Llamazares, el cual, en El entierro de Genarín, empieza con la angustia de la terrible y espantosa muerte de Nuestro Padre Genarín y de los portentosos signos que la rodearon y termina poéticamente con el florilegio de varios y silva de romances funerarios. ¡Cosas de los escritores leoneses! ¡Qué sería de León sin Llamazares y sin Genarín!


Colección de libros de "escritores leoneses", editados por el magnífico "Diario de León"
Ya casi en el destino, atravesamos Villamañan, donde en el invierno tantos incendios se producen por culpa de tantos braseros descontrolados, y donde un Grossi, allá por los años sesenta del pasado siglo, compraba garbanzos y vinos, que traía a Asturias, pagando en el fielato de Olloniego. A la derecha, bajando, en Villamañán, vemos un magnífico solar que fue cementerio, habiendo terminado hace poco tiempo de retirar los restos de los allí enterrados, que los de la zona llaman a ese lúgubre retirar  “las labores de monda”. Hoy ese solar es zona verde, color muy apropiado por ser color de muertos, el verde, antes de pasar a ser incoloros e insípidos.


Y de Villamañán, en recta y no circular, llegamos a Valencia de Don Juan. Si a esta Villa accediéramos como los antiguos, en tren, en el tren Burra, del que dicen que “nació pájaro y murió Burra”, no lo haríamos desde Villamañán, sino desde Gigosos de los Oteros, muy cerca de Palanquinos.

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