domingo, 9 de diciembre de 2012

TEXTO DE PRESENTACIÓN DE JUAN CAMPAL A LOS RECITALES POÉTICOS DE JOSÉ LUIS CAMPAL EN LEÓN Y EN ASTORGA



"PERFILES DE PLENITUD"
(MUSEO ROMANO DE ASTORGA, 4-XII-2012) 


CARTEL DEL RECITAL EN ASTORGA
José Luis y Juan Campal, durante el recital PERFILES DE PLENITUD

 “PALABRAS CONTRA EL OLVIDO”
                                            (LIBRERÍA ARTEMIS, LEÓN, 5-XII-2012)

CARTEL DEL RECITAL EN LEÓN 
Buenas noches a todos y gracias por decidir compartir con nosotros, José Luis Campal y yo, este tiempo no más desapacible de lo que la naturaleza tiene por costumbre en estas fechas y sí mucho más de lo merecido y justo para la mayoría en tantos otros órdenes de la vida.

Muchas gracias especialmente a las personas que hacen de esta Librería, Artemis, un lugar tan acogedor donde encontrar los terrenales alimentos que en forma de libro nos recetamos y leemos para mejor transitar por la vida y el mundo.

Gratitud por acogernos a José Luis Campal y quien les habla, y a ustedes que con su ingente generosidad han acudido hoy a escucharnos, a compartir este tiempo de palabra, de poesía.

Bien venidos y bien hallados sean pues.

Bien. Como ignoro si lo saben, aclaro que a José Luis y a mí, nos une, amén del común, campestre, asturiano y, contra toda habitualidad, pacífico apellido de Campal, nos une sólo digo, como bien me enseñó el poeta Antonio Merayo, una nueva amistad de toda la vida.

La primera vez que yo oí o leí de José Luis Campal, fue en un ataque de desamparo u orfandad de esos que modernamente le llevan a uno a preguntarle al tío Google cuántas personas más tendrán con uno algo en común, algo sencillo, tampoco mucho pedir, por ejemplo, un apellido, o el más raro de los que uno lleve consigo singularizando así el común nombre propio.

Recordaba haber visto, leído y no entendido –tenía 14 años- un artículo de don Gerardo Diego, en el ABC, titulado Julio Campal, -vanguardista poeta visual, hijo de emigrantes asturianos, nació en Uruguay en 1933, vivió gran parte de su vida en Argentina y sus últimos 6 años en España-, y en el que el maestro daba cuenta de su muerte y obra. Y así, tecleé, como para quitarme egocentrismo, o para evitar la nada que hubiese podido ser poner sólo mi nombre, tecleé digo, Julio Campal, y así apareció allí, como el que no quiere la cosa otro Campal, éste, José Luis, con su Noticia de Julio Campal en el trigésimo aniversario de su muerte. Desde entonces, año dos mil y poco pico, confieso que busco de vez en cuando nuevas de José Luis por la red.

En persona, no nos conocimos hasta el año (2008 o 2009) en las Jornadas Literarias Mar adentro que se celebran en Candás (Asturias) donde coincidimos alguna vez más hasta este año en que acordamos intentar celebrar aquí en los leones, el provincial y el capitalino, alguno de los homenajes con que José Luis continúa amando a Aurora Sánchez, su amiga, su compañera, su cómplice en tantas creativas aventuras, su esposa, lamentablemente desaparecida a injusta edad, y que es hoy aquí y siempre para él, para José Luis, presente ausencia corporal.

Y amando he dicho a conciencia, pues para mí cada verso de este recital, será un beso, una gratitud, una carantoña, un arrumaco, una caricia, un mucho más que José Luis le prodigue, como que en intimidad estuviesen, a su amada Aurora.

Y no es de extrañar que así sea, pues tanto de la memoria que guardo del puntual conocimiento que de ella tuve, el día que conocí también a José Luis, como de cuanto escuché y leí sobre ella, puedo concluir que Aurora fue alguien que se hizo querer. Querer porque a su vez quería, que se hacía apreciar. Apreciar, porque a su vez sabía apreciar. Que fue una de esas personas que con su simple presencia siembra vida a su alrededor. Y digo esto, porque junto a José Luis y el Sporting de Xixón, persona y cosa que fueron dos de sus grandes pasiones, fue también regalando vida en forma de creación artística e intelectual como bien dejan atestiguado sus publicaciones.

El pasado 12 de noviembre, cuando ya sabía que este recital tendría lugar, leí en Facebook un poema titulado Los poetas de amor deberían ser fusilados antes del amanecer.

Comenzaba así:

La poesía de amor MATA. La poesía de amor
MIENTE y ASESINA. El amor no existe,

Y su última estrofa lo hacía de la siguiente manera:

deberían fusilarlos a todos antes del gallo,
en un jardín de rosas con los brazos en jarras,

Automáticamente salté por encima de toda la poesía amorosa leída y se fue mi mente y mi corazón hacia José Luis, hacia este otro Campal. Al punto busqué baluarte. Y no sólo para él, bien cierto es, sino para todos aquellos que de alguna manera creemos en él, el amor, no ya como motor del mundo, porque habría que ponerle entonces, dependiendo del caso, vario apellido y porque de hecho, entonces dudaría, o incluso renegaría aún más del amor y del mundo, sino en el Amor, así escrito con mayúscula, como ese íntimo acicate cotidiano, minúsculo a veces, como ese queséyo que nos lleva al otro, a esa otra persona que, como también leí hace poco, con un simple “hola” puede alegrarnos el día por completo.

Mas, creyente como soy de la mano de Ortega y Gasset en su “El hombre y la gente” que el amor no es más que “el intento de canjear dos soledades”, no me fui a buscar armas y bagajes junto a grandes generales de las letras y el saber, opté por hacerlo en los dichos populares de toda gente y lugar, y así me alié con turcos para sentir que “el amor es esa rosa por la que el jardinero es servidor de mil espinas“, con italianos para sentir que “todo gran amor no es posible sin pena” y con los africanos que dicen “el amor es como la llovizna que cae quedamente, silenciosamente, pero desborda el río”.

De ese amor humano tratará este recital de José Luis, de ese todo y esa nada inexplicable que habita al ser humano, a veces, sin voluntad alguna. Que lo exalta y lo derrumba, que lo endiosa y lo humaniza hasta límites insospechados, a ese amor que, cuando lo sentimos, tan humanos nos hace y tanto nos endiosa porque por él habitados nos sentimos invulnerables.

No hablo de la pasión, sísmica pero como tal pasajera, como pasajeras son sus bienvenidas y bienhalladas réplicas, hablo de ese sentimiento que junto a la otra persona, por la otra persona, nos hace llegar razonada y razonablemente a la conclusión de que, ¡por fin!, hemos encontrado nuestro lugar en el mundo, acaso nuestra más primitiva patria.

Por eso vinieron a mi cabeza, sin búsqueda alguna los viejos versos de Quevedo leídos forzadamente en lejanos tiempos de formación:

Cerrar podrá mis ojos la postrera
sombra…

Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
venas que humor a tanto fuego han dado,
médulas que han gloriosamente ardido:

su cuerpo dejará no su cuidado;
serán ceniza, mas tendrá sentido;

polvo serán, mas polvo enamorado.

Y así también recordé de Efraín Huerta su

Absoluto Amor que dice es:

Como una limpia mañana de besos morenos
cuando las plumas de la aurora comenzaron
a marcar iniciales en el cielo. Como recta
caída y amanecer perfecto.

Amada inmensa
como un violeta de cobalto puro
y la palabra clara del deseo.

Gota de anís en el crepúsculo
te amo con aquella esperanza del suicida poeta
que se meció en el mar
con la más grande de las perezas románticas.

Te miro así
como mirarían las violetas una mañana
ahogada en un rocío de recuerdos.

Es la primera vez que un absoluto amor de oro
hace rumbo en mis venas.

Así lo creo te amo

y un orgullo de plata me corre por el cuerpo.


Por eso estoy hoy aquí con ustedes, por eso te acompaño aquí hoy José Luis, porque bien siento que puedo compartir contigo mis renglones cortos titulados De ahí que me niegue el silencio, donde en manos del hado amor, enamorado, digo, le digo a la ausente amada:

¿Existes o te invento?
¿Eres real o un ensueño?
¿Qué haces aquí si no has venido?
¿Si no hemos quedado, por qué te espero?

¿Por qué de continuo te pienso,
si, confieso, de seguido me lo veto?

¡Ay, mujer!, ¿qué es esto?,
¿qué hago a mi historia garabateándote versos?

Dímelo tú si lo sabes,
si algo en mí lo delata,
si tu intuición te lo avisa.
Mira que si no acabaré creyendo
que debo estar reviviendo;
porque lo que sí sé cierto
es que si callo, me muero.

De ahí que me niegue el silencio.


Hasta aquí mi presentación, amigos, hasta aquí mis torpes palabras, José Luis. Sea ahora tuyo el tiempo del amor hecho verso, hecho palabra.

RECITAL EN LA LIBRERÍA ARTEMIS (LEÓN)

  

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