lunes, 16 de abril de 2012

"CUANDO EL TITANIC SE FUE A PIQUE", ARTÍCULO DE JOSÉ LUIS CAMPAL

(Artículo exclusivo para el blog Las mil caras de mi ciudad)

Grabado de Verdugo Landi que recoge el hundimiento

La madrugada del día 15 de abril de 1912 las gélidas aguas del Atlántico, frente a las costas de Terranova, se tragaron de un inmenso bocado, tras colisionar con un iceberg, a un prodigio de la mecánica como era el británico transatlántico de lujo Titanic, propiedad de la compañía White Star Line. Estaba llamado a surcar incansablemente los océanos pero no pudo ni siquiera concluir su travesía inaugural.
El célebre naufragio –que se inició veinte minutos antes de la medianoche del 14 y concluyó cerca de las 3 de la madrugada del 15–, en el cual sucumbieron más de 1.500 personas, ha sido, desde el mismo momento en que se produjo la catástrofe marítima, pasto del cine y la literatura. Ahí queda, además de la oscarizada película de 1997 de James Cameron –ahora remasterizada en 3D– con Leonardo DiCaprio y Kate Winslet, una quincena larga de filmes, como: Salvada del Titanic (1912), In Nacht und Eis (1912), Titanic (1915), Titanic, disaster in the Atlantic (1929), Titanic (1943), El hundimiento del Titanic (1953), La última noche del Titanic (1958), S.O.S. Titanic (1979), La guerra del abismo (1980), ¡Rescaten el Titanic! (1980), El Titanic (1996), La camarera del Titanic (1997), La leyenda del Titanic (1999), Titanic 2 (2010) y Titanic, sangre y acero (2012). Asimismo, la tragedia ha conocido revisitaciones literarias como los dos largos artículos de 1912 de Joseph Conrad recogidos en 2011 por la editorial Gadir en el libro El Titanic o el extenso poema de 1978 de Hans Magnus Enzensberger titulado El hundimiento del Titanic, al cual pertenecen los siguientes versos, traducidos por Heberto Padilla:
El iceberg avanza hacia nosotros
inexorablemente.
Vedlo cómo se suelta
del frente del glaciar,
de los pies del glaciar.
Sí, es blanco,
se mueve,
sí, es más grande
que todo cuanto avanza
en el mar,
en el aire
o la tierra.

Mejor es no pensar en lo que pesa
un iceberg.
Cuantos lo han visto
no olvidarán jamás tal espectáculo
aunque vivan cien años.
«Ese espectáculo aguza la imaginación
pero llena el corazón
de un sentimiento de involuntario horror.»
Salón de cafetería del buque 
Dado que es sobradamente conocida la historia del hundimiento de un barco que tardó tres años en construirse, lo que hoy me interesa más es cómo registró la prensa asturiana de entonces un desastre de tales proporciones, la repercusión de una noticia que tuvo que competir con un eclipse solar que se verificó por las mismas fechas y que concentró la atención de los principales diarios.
Las informaciones por telégrafo recogen con pelos y señales las circunstancias que rodearon al fatal desenlace en alta mar:
«Bastante antes de ocurrir el siniestro, ya el Titanic venía chocando con témpanos de hielo; pero los pasajeros no se asustaban, tanto porque confiaban en las excelentes condiciones del buque como porque éste seguía navegando normalmente, sin siquiera moderar su rápida marcha. Poco después hubo un choque algo más violento y seguidamente se notó que el barco escoraba sobre la banda de estribor. Entonces el capitán, después de ordenar que se expidieran radiogramas comunicando lo que ocurría y pidiendo auxilios, reunió a toda la oficialidad, que se distribuyó rápidamente por el barco, empezando la tripulación a organizar el servicio de salvamento del pasaje. Estas operaciones se hicieron en medio del mayor orden, sin apresuramientos ni grandes alarmas. Sin embargo, los hombres se apresuraron a ocupar los botes salvavidas, pero sin protesta alguna los abandonaron acto seguido, al ser requeridos por la oficialidad para que dejasen los primeros puestos a las mujeres y a los niños. Así lo hicieron los preferidos, pero muchas mujeres, al ver que sus maridos no eran designados para ocupar con ellas las embarcaciones, rechazaron el ofrecimiento y abrazándose a sus esposos se negaron a abandonar el paquebot hasta que éstos no lo hicieran también. 
Plano del Titanic

El Titanic, en el astillero
Tres pasajeros italianos fueron muertos a tiros por la oficialidad a causa de no obedecer sus órdenes para que abandonasen los salvavidas que debían ocupar primero las mujeres. Según se iba completando cada lancha, la tripulación iba lanzándolas al agua. En cada salvavidas iban dos marineros para remar. Cuando estuvieron embarcadas todas las mujeres y los respectivos niños, comenzó el salvamento de los hombres; pero antes de terminar esta operación, el Titanic empezó a hundirse de proa. Entonces, el capitán y el ingeniero jefe de las máquinas, que desde el puente presenciaban la operación, se suicidaron. El buque fue iluminado totalmente y la orquesta de a bordo comenzó a preludiar el himno inglés. Según el Titanic iba sumergiéndose de proa, la maquinaria, al tomar una posición vertical, empezó a rodar a través del buque, produciendo un estruendoso ruido mezclado con los angustiosos clamores de los centenares de personas que no podían salvarse. El barco quedó en posición casi vertical durante cinco minutos, tal vez prendido por los témpanos de hielo, y después desapareció oblicuamente entre las aguas. Algunas de las canoas que estaban llenas de mujeres y niños fueron arrastradas por los formidables remolinos que se formaron al hundirse el Titanic. Bastante después de desaparecer el buque, aún se oían ayes en demanda de socorro, lanzados por los náufragos que estaban unos agarrados a restos del buque y otros nadando en espera de que se les recogiera, cosa imposible de efectuar pues todas las demás lanchas estaban llenas» (El Noroeste, 20-IV-1912). Los barcos que acudieron a socorrer a los infortunados pasajeros y miembros de la tripulación fueron testigos de pavorosas escenas:
«En el lugar del siniestro se ven flotar equipajes, bocoyes, tablones, ropas y restos del buque sumergido, pero ningún cadáver. Este detalle hace suponer que la mayoría de las víctimas permanecen dentro del paquebot habiéndoles impedido subir de los camarotes a la cubierta la irrupción del agua producida al hundirse el buque. Muchos, al surgir la hecatombe, lanzáronse al mar, consiguiendo mantenerse a nado durante corto tiempo; pero la excesiva crudeza de la temperatura les impidió esperar la llegada de los salvamentos» (El Principado, 18-IV-1912).

Zarpa el Titanic en su primer y último viaje 

«Algunas horas después de hundirse el paquebot llegó al lugar del siniestro el transatlántico Carpathia, que había recogido en sus aparatos el radiograma del Titanic. Un pasajero de aquel buque cuenta que a las tres de la madrugada lo despertaron voces que partían de 16 barcas de salvamento que rodeaban el Carpathia y cuyos ocupantes presentaban un aspecto lastimosísimo. En seguida empezaron los trabajos de recogerlos. Los muchachos y los niños de pecho fueron metidos en sacos e izados a bordo y los hombres y mujeres subieron por escalas de gato y amarrados a cuerdas, de las que tiraban desde la cubierta del Carpathia. Algunos de los náufragos tenían todavía puesto el traje de etiqueta, pues cuando ocurrió el naufragio había baile y concierto a bordo del Titanic. Otros estaban en ropas menores y muchos parecían locos, sin poder hablar y limitándose a demostrar su dolor con gemidos inarticulados. A todos ellos se les sirvió en seguida comida caliente, celebrándose después una misa sobre cubierta. No obstante de las atenciones y cuidados de que los náufragos fueron objeto a bordo del Carpathia, en la travesía hasta New-York fallecieron cuatro, víctimas de la terrible impresión recibida» (El Noroeste, 20-IV-1912).
El Titanic, durante su construcción
La arribada al puerto neoyorquino de los rescatados es captada con viveza por los periodistas:
«En los muelles había más de diez mil personas, que silenciosamente presenciaban la maniobra del buque para atracar y desembarcar los pasajeros. Entre los concurrentes había un millar de parientes y amigos de los náufragos y numerosos médicos y enfermeros. La angustia era enorme, en todos los rostros se retrataba el pánico producido por la gran catástrofe» (El Noroeste, 20-IV-1912).
En los primeros momentos  existe  confusión en el cómputo de fallecidos en el hundimiento del Titanic:
«El diario Times calcula en 1.700 los muertos en el naufragio del Titanic. Otros periódicos calculan el número de víctimas en 2.400. La opinión general considera que ninguna catástrofe ha quebrantado tanto como ésta a las compañías de seguros, pues aparte de las víctimas y del valor del buque que alcanza fabulosa cifra, hay que tener en cuenta que llevaba a bordo un millón de libras esterlinas, perlas por valor de 120.000 libras y varios millones en plata» (El Principado, 17-IV-1912). Igualmente, se subraya cómo la fatalidad no distingue entre ricos y pobres, y se ofrece «la lista de los millonarios ahogados y la cifra aproximada de sus fortunas respectivas. (...) En total, 2.275 millones de francos en ocho náufragos» (El Principado, 18-IV-1912). 
El Titanic, antes de zarpar
La prensa asturiana reproduce también testimonios de supervivientes que relatan su experiencia y apuntan a una hipotética causa del desastre:
«Supimos que el comandante del buque tenía decidido empeño en batir el récord de la navegación entre New-York y Southampton para ganar la velocidad a los buques de la compañía de Cunard Line. Era el último viaje que el capitán hacía y antes de retirarse quería llevar consigo el placer del triunfo, que no había conseguido en toda su larga vida de marino por el Atlántico, a pesar de los esfuerzos que a tales fines hizo mandando otros barcos de White Star. Entre los pasajeros de primera circuló la noticia de que el comandante había dicho a unos amigos suyos de Londres que por encima de todo había de lograr su empeño, contando con un buque de las condiciones del Titanic. Así llegamos al lugar de la catástrofe con una marcha verdaderamente espantosa» (El Comercio, 20-IV-1912).
Un siglo hace ya que nos contempla y vigila, alertándonos metafóricamente de que si torres tan descomunales como el Titanic cayeron, qué no será del hombre, criatura indefensa ante la indescriptible fuerza de la naturaleza.

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