domingo, 11 de febrero de 2018

" EL TIEMPO, COMO LA NAVE DE FELLINI, VA Y SIGUE YENDO". Artículo de ÁNGEL AZNÁREZ (La Nueva España, 11/02/2018)


Sabemos todo, o casi todo, de la materia,
del aire, del agua, de la luz, de las leyes
inmutables que gobiernan el universo con
un rigor sorprende, e incluso del
pensamiento. Mas nada sabemos del
TIEMPO cuyo misterio asombroso nos
acaba pareciendo  de una natural  y  
evidente simplicidad.
Jean d´Ormesson

Resulta que al escritor Jean d´Ormesson, de ojos azules como de Virgen Inmaculada,  al que los franceses rindieron en vida y con ocasiónde su reciente muerte muchos tributos y homenajes, le negaron uno, muy importante: ser enterrado en el Panteón, lugar en París para reposo de dioses, en compañía de otros divinos como Víctor Hugo y Malraux, muy cerca del estanque para jugar como niños espantando a patos blancos y cisnes negros en los Jardines de Luxemburgo. Después de mucho pensar, me pareció que, en España,  lo más parecido al Panteón francés acaso sea el pudridero de El Escorial, aunque en él no se pudran poetas sino reyes gordos. Por eso, Felipe V, que los franceses lo enviaron con vicios ocultos y defectos de salud, dijo que no, nada de El Escorial, y se quedó en La Granja de Segovia, al otro lado de la sierra.  

De tanto como dijeron a Ormesson, sobró lo siguiente: ¡Gentilhomm
de la République!  Lo de gentil-varón o gentil-hembra, sea de República,
sea de Monarquía, suena a cortesano, a calzonazos, a bragazas del Poder constituido, lo que nunca debe serlo un escritor, jamás, aunque es muy frecuente. O sea,
una vulgaridad, cosa de advenedizos  baratos o baratijas. A Cervantes y Quevedo,
los más grandes escritores,  los Austrias de la Monarquía española amargaron
por escribir aquéllos sus desvergüenzas, que eso es lo que ha de hacer un escritor,
para no ser pamplinero.

Jean d´Ormesson fue un atrevido pensador e ignaciano discernidor;
hizo una novela divina titulada Dieu, sa vie, son oeuvre”, novelando a Dios,
a sus obras,  juzgándolo frío y ausente, y al que  Lucifer y los Ángeles,
también criaturas suyas, se encargan de entretener y distraer como
Las Meninas a Velázquez –esto fue lo menos católico de su pensamiento-.

También fue atrevido por haber tratado en su escritura, con obsesión,
el tema del TIEMPO (fue persona obsesionada por el tal),
que es un misterio profundo, pues dijo: “En el momento en que hablo
ya está lejos de mí”; que es efímero e inconstante como la belleza;
que es un impulso, el reino de la sucesión, hacia la muerte, reverso de la vida,
siempre catastrófica; que es un monstruo todopoderoso en el que mandan
el sufrimiento y el mal; que fue un nacer –siempre el tiempo- junto
al espacio al producirse la gran explosión o “Big Bang”, comienzo
del Universo. Y antes del BIG BANG ¿qué había? llegó a preguntarse-
y se respondió rotundo:  “nada, nada de nada, ni espacio ni tiempo”,
o tal vez Dios sólo, y ensimismado, aburrido.  
Ante cuestiones de tanta enjundia, fue inevitable la presencia
de un judío para dejar las cosas mucho más confusas. Éste judío
fue Jacques Attali, hijo de rabino y de profesora de hebreo y de la Biblia,
ambos titulares de la perfumería “Big et Bag” en la rue Michelet
de su Argel natal. Robert Badinter, jurista, socialista y esposo de Isabel,
escribió que Attali “es un intelectual, con gran capacidad de síntesis,
de anticipación y de una actividad proteiforme”. Joël de Rosnay dijo de él
que es un auténtico Renaissance man, al que le funcionan dos cerebros,
el sintético y el analítico, y que, no obstante, se perdió en el juego
del Poder, que es eso, un juego, el Poder. Amigo y principal consejero
que fue del Presidente Mitterrand, que, por haber publicado Attali
intimidades en los libros Verbatim, en sus días finales, devorado
por su próstata (la de Mitterrand) le calificó de “personaje sin
estatura moral y sin coraje” (eso lo cuenta Jean Glavany en el libro
La planète Attali, Seuil, en la pág. 253).

Inevitablemente,  Jacques Attali también fue un obseso del
TIEMPO (para él, también para Ormesson, la cuestión del comienzo del Tiempo es uno de los enigmas científicos mejor guardados),
de un tiempo en que la creatividad, la transmisión y el profetismo judíos,
del Talmud, el Midrash y la Cabála son esenciales. Su Dictionnaire
 amoureux du Judaïsme, aparecido en 2009, es formidable, y
el TIEMPO lo trata a partir de la página 455, que comienza
así: “Lo que más me interesa es el tiempo, que es el fundamento
de todas las civilizaciones e ideologías, siendo el judaísmo una
filosofía del tiempo”. Un tiempo, el del judaísmo,  que es cíclico,
repetitivo en fiestas y ceremonias pasadas, pero que es mucho más, mucho más.
Es un TIEMPO de posibilidades,  de porvenires y futuros nuevos,
siendo misión del hombre y la mujer utilizarlo en busca de su
felicidad y la de la humanidad entera, y acaso también en rebuscar
del tiempo perdido. Debería ser inevitable, dada la escasez del tiempo,
aprender a vivir lo más intensamente posible, sabiéndolo  aprovechar
y transmitir –es obligación-  a las generaciones siguientes más
de lo recibido por los ascendientes. Lo de la Parábola de los talentos
en los Evangelios es de recordar siempre, por ser muy judía y
también muy cristiana.

Attali aconsejó destapar las ollas a presión e incandescentes
para evitar tanto auto-engaño, ignorante y conservador,
para aliviar tanta depresión por pensar tanto y tal mal sobre
uno mismo, en círculo infinito y mirando al ombligo respectivo,
y por tanto perder el tiempo en bobadas o memeces o entretenimientos
fatuos.   No es casualidad que primero Jesús y luego Marx y Freud,
las grandes profecías del cristianismo, del marxismo y del freudismo,
hayan sido judíos y de los judíos. Marx destapó la olla y descubrió
que en la base, abajo, de la economía están unas reglas explotadoras
de la producción, de unos aprovechándose de los otros. Freud
destapó otra olla y descubrió que el inconsciente puede más que
el consciente, aparentemente razonable.

Foto realizada el 9/02/2018 en el Cabo Ortegal 
En tiempos presentes y horteras por mucha prisa – fue Umbral
el que escribió que la prisa es hortera-, con la esperanza de que
los futuros no sean tales (horteras), tal vez haya aquí que frenar,
pues los lectores tendrán prisa y decir ¡basta por hoy! Y dejar
para mañana (semanas) lo que Jacques Attali explica en su libro
Cómo llegar a ser uno mismo (Ed. Fayard) y lo que explica en su libro
Une seconde vie el helenista y sinólogo Françoise Jullien. Una buena
biblioterápia. Y para una interesante musicoterapia, el disco
“Cítara y Lira” del Monasterio San Pelayo de Oviedo (edición Aris Música).

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jueves, 8 de febrero de 2018

El DOMINGO DE NUEVO ARTÍCULO DE ÁNGEL AZNÁREZ EN PRENSA Y EN ESTE BLOG

"Cementerio judío
 El lector del pasado artículo ya sabe de que va el siguiente. Los personajes principales siguen siendo dos franceses: uno, católico heterodoxo, y el otro, judío. Es verdad que aparecen también otros tres judíos, sin duda más importantes. Estos tres, uno nacido en Palestina, otro en  Inglaterra  y el tercero en Viena, son los responsables  de tres ismos que trajeron y nos traen, siguen trayéndonos, de cabeza.
Todo lo precede un título, que recuerda al gran cineasta italiano Federico Fellini, que creó una cinematográfica “nave”, que iba e iba atravesando mares hasta la catástrofe final. O sea, como la vida misma.
Y si las religiones pueden ser buenas terapias, evitando y provocando locuras, para la vida y sobre todo, sobre todo, para la muerte,  aquí recordamos la posibilidad terapéutica de la música; de las músicas de dos monjas benedictinas, una tocando la cítara y otra la lira, en un Monasterio Benedictino de Oviedo.   



Disco de Benedictinas de Oviedo
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domingo, 21 de enero de 2018

"TIEMPO DE VIDA", artículo de ÁNGEL AZNÁREZ ("La Nueva España", 21/01/2018)

"Dejando que el tiempo pase"




 Cualquier sitio es el paraíso con sólo parar 
el reloj. Cualquier habitación es eterna
 con sólo desalojar de ella el tiempo.
 La alcoba de la Isabel era la eternida
 porque yo me quitaba allí la vestidura del tiempo
 al quitarme mi pantalón y mi camisa.
                                           F. Umbral, Los males sagrados.


Fueron una vez bachilleres de los Maristas, de la calle Santa Susana de Oviedo, a los que en clase de la llamada “Filosofía real”, se les explicaba la Cosmología, y sus dos realidades que integran el mundo material: el Espacio y el Tiempo (o Cronología). El Hermano profesor, bien llamado “el Pichaías” por su delicadeza en modos y movimientos, explicaba un libro, que era un manual de Filosofía, escrito por un tal Joaquín Carreras Artau, catedrático de los de antes, escasos y que sabían. Tal libro estaba aprobado por el Ministerio de Educación Nacional y tenía, por supuesto, las licencias del Obispo de Madrid-Alcalá y también del Arzobispo de Sión y Vicario General Castrense, que éste tenía  de apellido una hipérbole de lo bruto: Muñoyerro, que es muñón de hierro. ¡Qué bárbaro debió ser aquél, por castrense y por clérigo!
"Un mirón"
El caso es que en el libro de Carreras se define el tiempo de una manera incomprensible para aquellos años primeros: “el tiempo es la medida del movimiento en razón de la anterioridad y de la posterioridad”.  Por cierto que un arquitecto acaba de escribir un librito que tituló Un breve curso de escritura crítica; eso me parece raro, muy raro, dado lo mal que escriben los arquitectos españoles; más caigo en la cuenta que tal arquitecto, experto en Preceptiva literaria, no es español, sino italiano y se llama sonoramente Luigi Prestinenza Puglisi. En la página 26, el arquitecto Prestinenza P. recomienda al escritor no utilizar latinajos “pues fastidian al lector y son un alarde de inútil erudición”. Siento lo cual, y asumo que el lector piense que soy un escritor-pijo (nunca, confío, un pijo escritor, que es muy diferente). Aquello que aprendí sobre el Tiempo, lo escribo ahora: TEMPUS est numerus motus secundum prius et posterius”.
"De complementos"
Volviendo al “Pichaías”, éste nada aclaraba, pues nada entendía. Tuve que hacer algo que siempre me dio buenos resultados: lo que no entiendo lo aprendo de memoria, hasta que finalmente, y por la memoria, lo termino entendiendo. Por la Memoria, diosa mimosa o mymusine de los griegos y amor de Nietzsche, hice oposiciones jurídicas y ahora, por fin, entiendo ya lo que es el Tiempo, que fue misterio insondable: que es lo más escaso y valioso que se puede tener. A partir de ciertos años empieza a faltar –cada vez menos Tiempo se tiene, a diferencia de los dineros que pueden abundar o ir a más, bien robando, bien trabajando-. Al hombre, ser efímero, lo empezó cantando, por efímero, Píndaro y luego siguió Lipovetsky.
Además el tiempo es elegante y dandi, pues que no se deja comprar por dineros o “cuartos”. Los que son ricos y los que somos pobres tienen y tenemos las mismas oportunidades; no hay en relación al Tiempo ni papás ni hijos de papás, ni herencias ventajosas ni bodas aprovechadas. Verdad es que Benjamín Franklin escribió que “el tiempo es dinero”, pero con eso sólo quiso decir que es también valor de cambio –valor de uso (del Tiempo)- y verdad es que en Radio Asturias, E.A.J 19 de Oviedo, se anunciaba en los años sesenta que “El tiempo es oro y Sigma, máquina de coser, es un tesoro y que, para máquinas de coser, las Sigmas de la calle Campomanes”.
Más aún, el Tiempo es escurridizo como una lamprea gallega, y es de género, masculino aunque tiene maneras de hembra, como los “bellocratas” y los diseñadores de complementos (¡Cuánto me gustan los complementos, ufff!
De la biblioteca francesa del autor
Mucho me ayudó la Literatura para entenderlo, y destaco tres autores que trataron el Tiempo de forma magistral: un español, Umbral, autor de “El Giocondo”, y dos franceses Jean d´Ormesson, católico-agnóstico (lo católico permite el todo y lo contrario del todo), y Jacques Attali, judío y con alma judía, y sabio de Sinagoga (lo judío sólo permite lo que es judío, que es continua exégesis, del Talmud, del Midrash y de la Kabbala).
Una vez que se publique la tesis doctoral que se está haciendo sobre “Umbral y el calendario”, escribiré sobre él, sobre Paco el gran majadero, majadero por haber reprochado a Alejandro Soljenitsyne no haber sido partidario del seminarista y tirano llamado Stalin y, también, por haber dicho de doña Letizia, esposa de Felipe, que fue “una modesta estrella de T.V”. Lo de “modesta” nada me gusta, pues me suena a modista y me recuerda los ojales. Umbral, uno de tantos burgueses, minués de la monarquía --se podría subtitular así, desde aquí, Oviedo, en cuyo mes de octubre tanto se ve y a tantos minués-.
"El lápiz de los verdes encantos". Macron lo coloca sobre el féretro de Ormesson
El francés Presidente de la República, Macrón, que es macrón por cabezón, despidió en el patio de la segunda Catedral de París, Les Invalides, al cadáver de Jean D´Ormessón, gran escritor del Tiempo y siendo el Tiempo el eje de su obra literaria, inmensa, ilimitada, desértica, como la de Pedro Silva, el de aquí y  éste casi beato. Si Ormesson escribió en 2003 --“Todo lo que amamos morirá. Yo también. La vida es bella”--, horas antes de morir a causa de un cáncer que le dejó en los huesos, escribió con letra temblorosa lo que su hija Héloïse encontró en el buró: “Una belleza para siempre. Todo pasa, todo termina, todo desaparecerá. Y yo que me imaginaba deber vivir para siempre ¿en qué me convierto yo? No es imposible”. Acaso no pensó hasta ese momento final que él también desaparecería, no obstante lo cual escribió una última mentira: la muerte nada puede contra mí”, y mentira porque la muerte lo puede todo, siendo de victoria total.
El Presidente Macron colocó sobre el féretro d´Ormesson, no collares, no insignias, no espadas, no grandes cruces, brillantes como luceros y como estrellas, sino un lápiz, un crayon, el lápiz de los “encantos”. Terminó el discurso fúnebre y los músicos militares de Les Invalides interpretaron la más triste sonata para piano de Mozart. Y su Tiempo se terminó con la incineración, que es alternativa rápida, siendo más lenta la de pudrirse en un cementerio. También él, calificado de ecrivain du bonheur  pudo elegir: que le quemen o pudrirse.
Jean d´Ormesson llegó a escribir un libro que tituló El olor del Tiempo, crónicas de un tiempo que pasa. En la crónica de 4 de noviembre de 1994 (Le Figaro Littéraire) dedicada al escritor Philippe Sollers, habla de una mujer papa, cuya elección, después del Cónclave, se anunciaría a la Plaza romana con un solemne Habemus Mammam, y yo añadiría: “”pronunciado por una eminentísima y reverendísima “cardenala camarlenga””.
Un libro
No se puede recordar a Jean d´Ormesson sin hacer referencia a su epopeya: apoyar y considerar haber llegado el Tiempo para que Marguerite Youcenar fuese “inmortal” o de la Academia francesa (La Coupole). La cosa no fue fácil a pesar de lo de Adriano, pues tres muros debieron derribarse: ser la primera mujer de la Academia, no ser de nacionalidad francesa sino belga, y ser de disfrute peculiar, de sáficos ardores con su amada Grace Frick. Maria Antonietta Macchiocchi siempre vió en la lésbica Margarita “la vida nómada de un genio”. Y una Youcenar, cuya última obra se titula, curiosamente, ¿Qué? La eternidad.
A los judíos siempre preocupó mucho lo del Tiempo, pues su obsesión por la idea de la “transmisión” lo implica. En esto lo judío recuerda a lo católico: en el año 2008, en el programa de T.V. (Public Senat), denominado Conversations d´avenir dijo Attali que la razón del Estado de la Ciudad del Vaticano es sólo una: que dure y no desaparezca el catolicismo. Attali asimismo escribió La vie éternelle y lo último que publico fue Ser uno mismo (“Devenir soi”). Entre uno y otro apareció el Diccionario amoroso del judaismo, que empieza con la letra A de Aaron y termina con la letra Z de Zohar.
Como escribe el arquitecto Prestinenza P. que no se debe cansar a los lectores, aquí me detengo después de frenar con mucha resistencia, seducido por eso que puede ser tan complicado, de llegar “ser uno mismo” y que tan pocos lo consiguen: de ahí la necesidad de tomar tantas pastillas, a las que tan aficionados son los psiquiatras.   
Prometo que en pocas semanas continuaré con lo de Attali, con lo de la duración y el dolor por la melancolía de locos. Eso será, en cualquier caso, antes de salir de Valderas (León) en dirección a Benavente (Zamora) siguiendo el cauce del Río Cea.

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jueves, 18 de enero de 2018

ÁNGEL AZNÁREZ vuelve a las andadas y sentadas, pues el próximo domingo...

... 21 de enero, publicará un artículo que titulará con palabras de Filosofía.

Un santo varón con maneras de "Pichaías".


Ya se advierte, desde ahora, que los aficionados a los TBOS y las de SISÍ EMPERATRIZ 
han de evitar la lectura. Es como de felino o de Fellini.  
Un felino






Haya una sucesión de personajes. El primero es un “Pichaías”, el segundo es un gran majadero
fallecido hace años y conocido de todos (allí donde hay un gran escritor, suele haber un gran majadero), 
el tercero es un católico-agnóstico fallecido hace días, un santo hombre  y el cuarto es un judío vivo, 
que es como deben ser los judíos: de pura cepa. Y también hay una mujer, llamada Margarita.  

Todo lo preside un reloj y lo concluye una promesa. Y entre lo uno y lo otro: risa, mucha risa, 

no pudiendo faltar clérigos y/o castrenses y laicos.  
Un reloj
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